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23 jun 2011

MARIANO BUENO: presentación

Mariano Bueno


Experto, pionero y gran divulgador de la Agricultura Ecológica, la Geobiología, la Bioconstrucción y las alternativas de vida mas saludables en nuestro país y en Latinoamérica. Su trayectoria personal y profesional le ha permitido abarcar áreas tan multidisciplinares como la Agricultura, la Ecología, la Biología, la Física, la Arquitectura, la Psicología, la Alimentación Sana o la Salud Natural.
Mariano Bueno, nació en Benicarló en 1958 y a temprana edad decidió dedicarse vocacionalmente a la agricultura, aunque pronto comprendió que la agricultura convencional envenenaba la tierra y a los consumidores de los productos cultivados con agroquímicos.
Se decanto a los 18 años por una alimentación vegetariana y buscando alternativas de cultivo más sanas y ecológicas, a principios de los 80 realizó estudios de Agricultura Biológica y Geobiología en Francia y Suiza.
En 1982 volvió a España y puso en marcha en Benicarló la finca de “La Senyeta”, con el claro propósito de demostrar la viabilidad de la Agricultura Ecológica, las Energias Renovables y las opciones de vida más saludables y respetuosas con el entorno. En esa época formó parte activa de la “CAE”, primera Coordinadora de Agricultura Ecológica a nivel estatal, y del “MAR”, Movimiento Alternativo Rural, que promovía la vuelta al campo y la recuperación de las raíces con la tierra.       
En 1986 creó el “Centro Mediterráneo de Investigación Geobiológica” y, en 1991 de su mano nacería (a partir de unos cursos de formación Geobiológica que impartió en Benicarló) la Asociación de Estudios Geobiológicos GEA, de la que ha sido gran dinamizador y presidente en varias etapas.
Su nombre se dio a conocer al gran público a través de sus populares libros “Vivir en Casa Sana” y “El gran libro de la casa sana” publicados por primera vez en 1988 y 1992, obras ya clasicas que con más de 10 ediciones y siguen siendo los libros de referencia de la Geobiología en nuestro país. A partir de “Vivir en casa sana” le seguirían una docena más de libros, entre los que destaca la publicacion en 1999 vio la luz, su obra más extensa y popular: “El Huerto Familiar Ecológico”, con más de 50.000 ejemplares vendidos, es el libro de cabecera de quienes se animan a practicar la agricultura ecológica y a cultivar alimentos saludables con sus propias manos.
En 2003 público “¿Que son los alimentos ecológicos?” y “Como hacer un buen compost”, en 2004 “la vida sana contaba con sencillez”; en 2005 le seguiría “El libro práctico de la casa sana”;  en 2009 de nuevo apoyando la agricultura ecológica con los libros “Manual práctico del huerto ecológico” y “Tu huerto ecológico en casa” y promoviendo hábitos de vida más saludables con el libro “Casa Saludable” escrito conjuntamente con Elisabet Silvestre; y finalmente sus obras más recientes, publicadas en este año 2010: “Huerto-Jardín Ecológico”, coescrito con su amigo jardinero Jesús Arnau y “Del huerto a la despensa”, en donde nos enseña a conservar los excedentes del huerto.
Su intensa labor investigadora, divulgadora y docente es muy activa. Además de los múltiples cursos teórico-prácticos que imparte por todo el territorio español y en varios países de Latinoamérica, realiza prospecciones geobiológicas de viviendas, asesora a arquitectos y particulares en temas de ecobioconstrucción y colabora habitualmente con revistas de salud natural o agricultura ecológica, siendo también frecuentes sus intervenciones en programas de radio o televisión y su participación como ponente en seminarios o congresos.
En sus aportaciones televisivas, ha colaborado con el programa Saber Vivir (de la 1); colaboro con Xelo Miralles en el inicio del programa Mediambient en .2, en un microespacio titulado “La Casa Sana”; y presenta, junto a Maribel Casany, el espacio televisivo “Remeis al Rebost” en .2

MARIANO BUENO: ¿vives en una casa sana?

¿VIVES EN UNA CASA SANA?

Analiza los posibles factores de riesgo para la salud presentes en el hogar y descubre las soluciones que aporta la Geobiología.
Resulta frecuente echar la culpa de nuestras dolencias al estrés, al tabaco, a los cambios climáticos, a la deficiente alimentación o a las condiciones de vida que nos toca soportar. Pero, ¿nos hemos planteado hasta qué punto la casa donde vivimos -y especialmente el lugar donde descansamos- es la causa directa -o indirecta- de los más variados trastornos, desde simples dolores de cabeza o cansancio exagerado hasta enfermedades degenerativas de difícil diagnóstico y más difícil curación?
Un rápido repaso a los posibles factores de riesgo en el hogar esbozados en estas páginas pueden darnos pistas para reconocer los peligros escondidos entre las paredes de nuestro hogar y, en caso de posibles incidencias, motivarnos a buscar las soluciones que ofrecen las investigaciones geobiológicas y las técnicas de bioconstrucción. 
Correcta ubicación: la presencia de radiaciones terrestres intensas, alteraciones telúricas o vetas de agua subterránea en el subsuelo de la vivienda así como las zonas ruidosas o con elevada contaminación ambiental crean condiciones desfavorables para la vida y pueden resultar causa de serios trastornos de salud. Podemos evitarlo eligiendo correctamente la ubicación adecuada para las zonas de descanso y de mayor permanencia. 
Plantas en el hogar: las plantas, aparte de liberar oxígeno durante el día, alegran la vista y dan vida al hogar. Además, se ha comprobado su enorme poder limpiador de sustancias tóxicas como el formaldehido, el benceno y muchas otras que suelen estar presentes procedentes de los plásticos, las pinturas y los productos químicos de limpieza, desinfección e insecticidas. 
Electrodomésticos: la mayoría de los electrodomésticos generan campos electromagnéticos más o menos intensos mientras están funcionando -sobre todo el microondas-, por lo que conviene guardar una distancia prudencial de ellos. En las viviendas sin toma de tierra eléctrica los electrodomésticos generan una intensa contaminación eléctrica por el mero hecho de esta enchufados. Desenchufe, pues, los que no utilices. 
Limpieza: la adecuada limpieza del hogar es imprescindible si queremos evitar problemas infecciosos o alérgicos pero el abuso de productos químicos tóxicos puede conllevar a largo plazo trastornos de salud graves. Así que elijamos limpiadores y detergentes naturales y ecológicos. 
Luz natural: Como reza el dicho popular, "Donde entra el sol no entra el médico". La radiación solar y la luz natural, aparte de dar vida y color a las casas, tienen efectos bactericidas con gran poder desinfectante. Orientemos pues bien las casas y abrámoslas a la luz. 
Decoración: para los acabados de paredes y mobiliario elijamos pinturas, lascas y barnices naturales y ecológicos a fin de evitar contaminantes químicos tóxicos o inductores de alergias. Asimismo, para las alfombras, tapicerías, cortinajes, etc., escojamos fibras naturales sin tratamiento químico. 
Fibras naturales: tanto las sábanas y almohadas como las prendas de vestir que mantengan un contacto directo con la piel -camisetas, pijamas, camisones...- deberían ser lo más naturales posibles, preferentemente de algodón, ya que con ello evitaremos la indeseable electricidad estática. 
Ventilación: las casas son organismos vivos que respiran por todos sus poros -y no sólo por puertas y ventanas- por lo que procuraremos evitar los aislamientos de poro cerrado -como la espuma de poliuretano y otros- así como las pinturas plásticas que no permiten una correcta transpiración. Ventilemos lo más a menudo que nos sea posible. 
Contaminación eléctrica: las lámparas y radiodespertadores conectados a la red al igual que el resto de aparatos eléctricos cercanos a la cabecera de la cama son una constante fuente de campos eléctricos que alteran la actividad neuronal y generan tensión muscular. Hay que desenchufarlos al acostarse o desconectar la instalación general. 
Campos electromagnéticos: la proximidad a la vivienda de líneas de alta tensión o transformadores de gran potencia crea una contaminación electromagnética que procuraremos evitar, al igual que lo que sucede con el televisor, el ordenador o la mayoría de aparatos eléctricos. Mantenga una distancia prudente y desenchúfelos cuando no los use. 
Orientación magnética: una vez ubicadas las camas en las zonas neutras (sin alteraciones telúricas) conseguiremos un descanso más relajado si las orientamos hacia el Norte magnético (con la ayuda de una brújula). Pro si no le es posible, sepa que orientar la cabecera hacia el Este es revitalizante y si lo hace al Sur le creará algo de tensión. La peor orientación es al Oeste por ser desvitalizante e inducir estados depresivos. 
Materiales de construcción: algunos materiales de construcción emiten partículas tóxicas, son radiactivos o no permiten la correcta respiración del edificio, creando  molestas e insalubres condensaciones. Así, pues elijamos los más sanos y naturales -arcilla, madera, etc.- y procuraremos evitar el exceso de hierro que altera el magnetismo terrestre. 
El diseño: tanto la correcta distribución interior de los habitáculos como la orientación solar de la vivienda son importantes a fin de que regulen correctamente los cambios de temperatura manteniendo un perfecto confort térmico y ambiental sin gastos energéticos adicionales. Es además fundamental para permitir mantener una correcta renovación del aire. 
Ahorro energético: de electricidad, gas, agua, etc. Son premisas indispensables para una casa sana tanto para sus moradores como para el entorno. El medio ambiente merece un serio y responsable respeto en el que todos debemos colaborar con los granitos de arena que suponen nuestras acciones personales. Se trata de nuestra salud y de la del planeta que es, en definitiva, la casa común. 
¿QUÉ ES LA GEOBIOLOGÍA? 
La Geobiología es una ciencia relativamente nueva que, recogiendo los conocimientos profundos de la sabiduría tradicional y uniéndolos a las más recientes investigaciones científicas, centra sus intereses en el estudio de las relaciones de los seres vivos -especialmente el ser humano- y las energías que emanan de la tierra, las provenientes de las radiaciones cósmicas y las generadas por la propia actividad humana.
Todos los seres vivos estamos inmersos en un mar de radiaciones que nos baña constantemente y de cuyo equilibrio energético resultante depende nuestro propio equilibrio personal así como la salud, tanto física como mental. La Geobiología estudia las interacciones y relación -directa o indirecta- entre las radiaciones terrestres, los campos magnéticos, la radiactividad y la contaminación eléctrica con las enfermedades padecidas por personas, plantas y animales. Analizando en detalle los múltiples factores de riesgo para la salud presentes en el hogar y en los lugares de trabajo, procura aportar soluciones satisfactorias a cada problema detectado.
La investigación geobiológica se viene realizando en Europa desde la primera mitad de este siglo. En países como Francia, Suiza y Alemania los resultados de estas investigaciones son complementarios al estudio del terreno siendo incorporados los conceptos de Geobiología y Bioedificación al diseño y construcción de las viviendas. 
¿QUÉ ES LA BIOCONSTRUCCIÓN? 
La Bioconstrucción aborda amplios aspectos del hábitat que abarcan desde el exhaustivo examen del terreno a edificar hasta la correcta elección de los materiales, pinturas, etc., evitando todos aquellos que presenten toxicidad, sean radiactivos o revistan cierta peligrosidad para los moradores de las viviendas en un intento de añadir a los aspectos técnicos y de calidad el de un confort biológico y salubridad.

MARIANO BUENO: purificar el aire con plantas

  PURIFIQUE EL AIRE DE SU CASA U OFICINA CON PLANTAS

Algo tan cotidiano como el aire que respiramos habitualmente contiene y transporta ciertos niveles de sustancias químicas extrañas y, demasiado a menudo, poco recomendables para nuestra salud. El problema es que somos poco conscientes de hasta qué punto está afectando a la salud global de la población actual la calidad del aire que respiramos.
Por nuestros pulmones pasa una media de entre 10 y 20.000 litros de aire al día, lo que nos da una idea de la importancia que reviste la composición del mismo y, sobre todo, su calidad. Y es que además de los compuestos propios -como el oxígeno, el nitrógeno, el hidrógeno o el carbono-, el aire puede contener infinidad de partículas en suspensión, muchas de las cuales están catalogadas como sustancias tóxicas y/o perjudiciales a partir de ciertas concentraciones.
A las conocidas fuentes de contaminación atmosférica ambiental -como las emisiones de gases de combustión del tráfico rodado, las nubes de humo de las refinerías, centrales térmicas e industrias diversas, e incluso la quema de basuras- se une una contaminación interior poco conocida y cada vez más preocupante debida a la presencia en el hogar de gran cantidad de productos químico-sintéticos como plásticos, fibras sintéticas, disolventes, productos de limpieza, ambientadores y aditivos químicos añadidos a los materiales de construcción (PVC), a los muebles de maderas aglomeradas, a las pinturas, barnices, lacas, etc.
La presencia en el interior de la vivienda de una o varias sustancias químicas como el benceno, el formaldehído, el tricloroetileno o el xileno pueden resultar altamente perjudiciales y suelen verse incrementadas sus concentraciones en los edificios poco o mal ventilados y en los que se climatizan con aire acondicionado.
El tricloroetileno es considerado como un cancerígeno hepático y aunque se emplea en más del 90% en las tintorerías y empresas de limpieza en seco o en el desengrasado de metales a la casa nos llega a través de tintes, lacas, barnices, pegamentos...
El benceno es un irritante de la piel y los ojos pero con exposiciones prolongadas, además de dolores de cabeza y pérdida de apetito, incrementa las probabilidades de padecer leucemia.
El formaldehído podemos hallarlo tanto en cosméticos -como conservante de gel de baño y champú- como en pinturas o fibras sintéticas y, sobre todo, en las maderas aglomeradas de los muebles actuales. Sus concentraciones se elevan con la presencia del humo del tabaco y suele irritar los ojos, la nariz y la garganta.
En Inglaterra, el doctor Piking del Hospital de Withensawe (cerca de Manchester) estudió a gran escala los problemas respiratorios, dolores de cabeza y algunos tipos de alergias comprobando que en las habitaciones que se ventilaban manualmente (abriendo las ventanas) el aire contenía mayores concentraciones de polvo, microbios y pólenes pero las personas que ocupaban tales habitaciones se encontraban mejor y tenían menos problemas que las que permanecían en habitaciones ventiladas artificialmente ya que, paradójicamente, aunque contenían menos microorganismos producían más trastornos respiratorios y alergias. Este tipo de situaciones entran en lo que habitualmente se ha dado en llamar el “síndrome del edificio enfermo” que afecta a las viviendas más modernas y especialmente a las oficinas y locales climatizados con aire acondicionado. De hecho, debería llamarse “síndrome de los edificios que enferman a sus moradores” ya que no es el edificio quien está enfermo sino sus ocupantes.
Ante esta problemática casi inevitable en las viviendas actuales se plantea la necesidad de purificar el aire interior y para ello existen en el mercado sistemas de filtrado mecánico aunque en la practica se ha demostrado que es muy útil el uso de las plantas de interior como purificadoras del aire.
En ese sentido, las plantas en el hogar pueden cumplir una función tan loable o más que la puramente estética y decorativa. Bill C. Wolverton, ex científico de la Nasa, ha investigado durante los últimos 25 años la capacidad que poseen ciertas plantas para limpiar las partículas que empobrecen o contaminan el aire del interior de las casas. Y en sus estudios aparecen plantas tan comunes en muchos hogares como las cintas, los helechos, la hiedra, la kentia o las drácenas.
Una planta tan vulgar como la hiedra posee una enorme capacidad depuradora eliminando en 24 horas hasta 7,3 microgramos de tricloroetileno por cm2. De hoja, unos 9 microgramos de formaldehído y más de 10 microgramos de benceno por cm2 de hoja.
Las mediciones llevadas a cabo (resumidas en las gráficas) muestran cómo las plantas pueden reducir o eliminar entre un 10 y un 80% de la contaminación interior por lo que colocando algunas de esas plantas en lugares estratégicos de nuestras casas y lugares de trabajo podemos mejorar la calidad interior del aire.
Como no todas las plantas poseen la misma capacidad de eliminación de contaminantes es conveniente combinarlas para obtener los mejores resultados. La carencia de luz no reduce su capacidad purificadora e incluso se dan casos en los que la incrementa.
Queda claro que, paralelamente, habrá que reducir las fuentes de contaminación atmosférica -tanto externa como interna-, evitar el despilfarro de energía, reducir el consumo de productos con sustancias o desechos contaminantes y seleccionar cuidadosamente los materiales y elementos que intervienen en la construcción y decoración de nuestro hogar.
 


El ozono a nivel del aire respirado 
Los experimentos llevados a cabo en el Servicio de Sanidad Vegetal de la Generalitat valenciana en el centro de investigación de Silla muestran el efecto negativo de la contaminación del aire ambiental y de sus implicaciones en el desarrollo de las plantas de elevadas concentraciones de ozono en el aire ambiental.
 


Plantas que dan mejores resultados y las más polivalentes 
Hiedra (Hedera belix).
Sansevieria.
Drácenas (Dracaenas).
Cintas (Spotiphyllum).
Chamaedora (una variedad de palmera).

MARIANO BUENO: EL HUERTO FAMILIAR ECOLÓGICO

EL HUERTO FAMILIAR ECOLÓGICO
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El huerto ecológico en poco espacio
Día a día nos damos cuenta de la importancia de consumir alimentos frescos, sanos y ecológicos. Continuas investigaciones en todo el planeta dejan claro, por un lado, los beneficios de una alimentación sana y equilibrada, con abundancia de verduras y frutas frescas, y, por otro lado, advierten de los serios peligros para la salud, a corto y largo plazo, de la presencia en los alimentos de restos de plaguicidas y de infinidad de sustancias tóxicas que se han ido añadiendo en los procesos de producción, transformación o comercialización.
Escándalos como el de las vacas locas o los pollos con dioxinas son sólo la punta del iceberg de una industria agroalimentaria centrada en la obtención de los máximos beneficios al mínimo coste y basada en la mecanización de todos los procesos productivos y el uso y abuso de abonos químicos, herbicidas y plaguicidas, que fuerzan a la naturaleza a producir más allá de unos límites que permitirían mantener un mínimo equilibrio biológico y ecológico del entorno. A la negra marea de residuos tóxicos, cancerígenos o alteradores hormonales, con desastrosos efectos sobre la salud de los consumidores (y de los agricultores), se está añadiendo una larga lista de plantas modificadas genéticamente (OGM), con las que se promete aumentar la producción mundial de alimentos (aunque las experiencias de cultivos a gran escala demuestran que no es así), pero de las que se ignora por completo las posibles repercusiones negativas en cuanto a desequilibrios ecológicos y más aún en lo referente a la salud de los consumidores de tales productos.
Todo ello nos lleva a plantearnos la necesidad de consumir alimentos con garantía de producción ecológica, si realmente estamos preocupados por nuestra salud, la de nuestros hijos y la del planeta en su conjunto.
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Se puede alegar que consumir productos biológicos o ecológicos resulta caro y no está al alcance de todos los bolsillos, pero hay que tener presente que los alimentos de producción convencional consiguen mantener precios bajos a base de mecanizar e industrializar los procesos de producción y, sobre todo, forzar las plantas cultivadas con infinidad de agroquímicos.

Valga de ejemplo una simple y cotidiana lechuga, tan familiar en la mayor parte de las mesas. Su producción con métodos naturales (sin forzar) suele conllevar que tal lechuga permanezca un mínimo de dos o tres meses en la tierra (absorbiendo nutrientes vitales y realizando fotosíntesis a partir de la radiación solar), mientras que su homóloga de cultivo químico estará en la tienda a los 50 días, como máximo, gracias a un desarrollo acelerado forzado con nitratos, agua y fitohormonas de aceleración del crecimiento vegetal. Los desequilibrios ecológicos y biológicos a los que se ven sometidas las pobres lechugas (y el resto de cultivos) se traducirán en una gran propensión a padecer toda clase de plagas y enfermedades, que serán controladas con plaguicidas químicos, parte de los cuales permanecerán como residuos en la planta al ser cosechada y en el momento de consumirla. La competencia de las llamadas malas hierbas se controlará básicamente a base de herbicidas, de los que tanto se está abusando que sus residuos empiezan a detectarse en las capas freáticas subterráneas e incluso en el agua potable de la mayoría de zonas agrícolas.
Por todo ello, el mayor precio de los productos ecológicos está más que justificado, pero cuando la precaria economía familiar no nos permite acceder a ellos nos queda el plantearnos su cultivo en función de nuestras posibilidades.
Muchos pensarán que esto es difícil o imposible, pero lo cierto es que, cuando se desea y se dispone de un espacio, por pequeño que sea, de algunos ratitos al día o a la semana y de un mínimo de información básica, resulta algo tan sencillo como gratificante, e incluso terapéutico, ya que, además de producir alimentos sanos y ecológicos, las labores en el huerto o en el balcón comestible suponen un acercamiento y un contacto directo con la vida y la naturaleza, al tiempo que realizamos el ejercicio indispensable para mantenernos sanos y en buena forma. En la práctica, un huerto familiar no requiere ni demasiado tiempo ni demasiado esfuerzo, aunque sí exige un mínimo de ganas de trabajar y cierta sensibilidad hacia la naturaleza.


La tierra (el espacio)
Con una parcela mínima de unos 30 o 40 metros cuadrados podemos obtener una elevada producción de las hortalizas y verduras más utilizadas en la dieta cotidiana. Quien no disponga de tal espacio puede participar en algún grupo de huertos ciudadanos -o crearlo- y quien disponga de una terraza en su casa puede cultivar en ella una gran variedad de hortalizas: algunas lechugas, rabanitos, tomates, acelgas o calabacines, además de numerosas plantas aromáticas, medicinales o condimentarias.
Cuando se dispone de una parcela de tierra, lo ideal es su distribución en bancales tipo bancal profundo (o de parades en crestall, como enseña el mallorquín Gaspar Caballero). Las dimensiones en longitud pueden ser muy variadas, pero en cuanto a la anchura conviene que estén entre los 120 y los 150 cm, lo que permite el acceso a través de los pasillos, por los lados del bancal, sin pisar nunca la tierra, acción que la apelmazaría y reduciría su actividad biológica.
Cuando sólo disponemos de un balcón o una amplia terraza, conviene proveerse de maceteros de grandes dimensiones y una cierta profundidad, la suficiente para que las raíces se desarrollen sin problemas. Los maceteros se llenarán de tierra fértil con grandes proporciones de compost (podemos usar el compost orgánico doméstico).



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Luz y orientación
Interesa que la parcela, balcón o terraza esté orientada al sur o, por lo menos, que reciba varias horas al día de luz solar, ya que las plantas necesitan sus radiaciones para realizar correctamente la fotosíntesis, de la que depende su desarrollo y el contenido de nutrientes y vitaminas que aprovecharemos al consumirlas.
Si la parcela o terraza no recibe sol directo pero hay una pared cercana que refleje su radiación, puede ser suficiente -convendría pintar la pared de blanco para sacarle el máximo provecho-. Hay plantas que requieren mucha luz y mucho calor, como las solanáceas (tomates, pimientos, berenjenas) o las cucurbitáceas (melones, pepinos, calabacines, etc.), mientras que otras, como escarolas, acelgas, coles o espinacas, se desarrollan bien con menos luz y calor.


Agua
El riego preocupa a muchos horticultores que ven como sus cultivos sufren y crecen mal por exceso de riego o por falta de agua. El exceso crea problemas de podredumbres y hongos parásitos y las carencias hídricas suponen una merma en el desarrollo vegetal y torna las plantas duras y con tendencia a espigarse o montar en flor.
La experiencia nos lleva a aconsejar un sistema de riego localizado (tubos de goteo con los goteros intercalados cada 30 o 40 cm o mangueras de exudación) y un sencillo programador de riego (de venta en tiendas de jardinería) que nos permite conectar el sistema a un grifo y que las plantas se rieguen quince minutos cada día o media hora cada dos días. Este sistema tiene la ventaja adicional de que nos permite ausentarnos durante largos períodos sin que por ello sucumban nuestros cultivos por falta de riego.


Plantas cultivables
Semillas y semilleros. La gran diversidad de plantas que puede albergar un huerto familiar -aunque sea de reducidas dimensiones- implica disponer de planteles o de semillas adecuadas. Aunque siempre puede empezarse por semillas comerciales estándar, lo más interesante es procurarse semillas con certificación de producción ecológica, que, por suerte, ya empiezan a estar disponibles en nuestro país. También podemos recurrir a los contactos con agricultores ecológicos y al intercambio de semillas que promueven algunas asociaciones o grupos de agricultura ecológica.
Podemos realizar semilleros domésticos en pequeños recipientes reciclados -botes de yogur, cajas de envases desechables, etc.- y mantenerlos en el alféizar de la ventana de alguna habitación que le dé el sol y esté caldeada.
El trasplante es una operación delicada pero fácil de realizar, en la que lo más importante es dañar lo menos posible las raíces y que no falte el riego hasta su nuevo enraizamiento en el huerto o en el macetero.
En ocasiones podemos recurrir a las plantitas que venden los viveristas, aunque, a menudo, tanto la procedencia de las semillas como el uso de abonos químicos y plaguicidas las desvitaliza y es fácil que nos den problemas.


Nutrir las plantas
En agricultura ecológica se da más importancia a nutrir la tierra que a alimentar las plantas cultivadas. Las plantas no disponen de un sistema digestivo como estómago o intestinos y tal función se realiza en el suelo donde crecen mediante la fabulosa labor de las bacterias, los hongos, las lombrices y el resto de microorganismos que habitan en cada gramo de tierra. Naturalmente, todos estos organismos vivos precisan ser alimentados y de ello se encarga el compost y toda la materia orgánica en descomposición presente en la tierra.
Por ello deberemos incorporar con regularidad materia orgánica previamente descompuesta (compost, estiércol, restos orgánicos, etc.). Aunque podemos conseguir compost y abonos orgánicos en el comercio, resulta muy interesante su elaboración a partir de los restos orgánicos domésticos; para ello podemos fabricarnos un sencillo compostero o adquirir alguno de los comercializados para tales fines.
Las necesidades de abonado varían de una planta a otra y tenemos plantas, como las patatas, los tomates o las alcachofas, que requieren grandes cantidades de materia orgánica a medio descomponer, y, en el otro extremo, tenemos las zanahorias o las judías, que sólo toleran la materia orgánica muy descompuesta -compost muy fermentado-. Con una buena rotación de cultivos en los bancales o los maceteros conseguiremos aprovechar al máximo la materia orgánica aportada, ya que, por ejemplo, tras el cultivo de tomates, que hemos abonado con gran cantidad de compost (de 4 a 10 Kg por m2), podemos cultivar lechugas sin añadir más compost y, al cosechar las lechugas, podemos sembrar zanahorias o guisantes (cualquier leguminosa), que aprovecharán al máximo los remanentes de materia orgánica. Cuando cosechemos, podemos añadir de nuevo compost y empezar el nuevo ciclo con otras plantas exigentes: calabacines, pimientos, berenjenas, etc.







El diseño y la planificación
Diseñar el huerto es lo primero que debemos plantearnos, pues conviene realizar una buena distribución de los espacios disponibles a fin de aprovecharlos al máximo y conseguir los mejores resultados con el mínimo esfuerzo.
Tan importante como el correcto diseño es el planificar los cultivos que deseamos realizar en el huerto; para ello será necesario que reflexionemos a fondo sobre nuestros gustos culinarios y las necesidades de consumo cotidiano. No tiene mucho sentido plantar veinte coles porque nos regalaron las plantitas si no solemos comer col más que ocasionalmente.
En cambio, si todos los días comemos ensalada de lechuga, convendrá ir sembrando y plantando con regularidad -cada quince días o una vez al mes plantaremos unas quince o veinte lechugas-; con ello tendremos un cultivo escalonado a lo largo de los meses y nunca faltarán en la mesa. Con tres o cuatro matas de calabacín bastará para el consumo familiar, con más de diez matas nos veremos obligados a regalar kilos y kilos de calabacines.
También hay cultivos complicados, como el de los melones o las sandías, que vale la pena dejar para cuando tengamos más experiencia o sólo si realmente nos sobra sitio, pues ocupan mucho espacio para los tres o cuatro melones que puede dar cada mata.
Una buena planificación requiere conocer los ciclos de cultivo de cada planta o variedad y saber más o menos el tiempo que ocupará el terreno, ya que éste varía desde un mes, desde la siembra a la cosecha, en los humildes rabanitos, a los tres a cinco meses -incluso más- que ocupan el bancal unas zanahorias. Sin olvidarnos de que, para mantener la salud y fertilidad de nuestro huerto, sería interesante respetar las rotaciones de cultivos y no repetir en una determinada parcela una misma familia de plantas varios años seguidos, pues se especializan ciertos parásitos que a la larga podrían causar serios problemas; lo ideal es respetar rotaciones de cuatro años, como mínimo.


Las herramientas 

En realidad, una vez realizados los bancales o dispuestos los maceteros, se requieren pocas herramientas para las labores y el mantenimiento del huerto -alguna azadilla o legón, paletas trasplantadoras, un escardador, un rastrillo y poco más-, ya que la tierra permanece siempre mullida, al no ser pisada, y muchas labores las podemos realizar simplemente con las manos, lo que nos permite un mayor contacto con la naturaleza y la vida.



Los problemas eventuales 

Si existe un tópico que perdura en el tiempo y generalmente no se corresponde con la realidad, es que el cultivo ecológico tiene tantos problemas que no es posible llevarlo a cabo y sólo se consiguen cosechas mediocres, alegando que, si todos los agricultores se pasasen a la agricultura ecológica, no se producirían suficientes alimentos y se incrementaría el hambre en el mundo.
Recientes estudios estadísticos, llevados a cabo mediante seguimiento de fincas durante diez años, han demostrado que se están consiguiendo mayores producciones por hectárea en las fincas de cultivo ecológico que en las convencionales de cultivo químico.
En cuanto a plagas y parásitos, la experiencia nos demuestra que las plantas cultivadas de forma sana y respetando sus ciclos biológicos y ecológicos (e incluso cosmológicos) mantienen a raya a la mayoría de parásitos y enfermedades, siendo escasas las ocasiones en que hay que acudir en su ayuda y, además, para esas ocasiones, los agricultores ecológicos disponen de numerosas plantas medicinales reforzadoras de las plantas cultivadas, repelentes de parásitos o directamente con propiedades insecticidas.
En casos graves también podemos recurrir a los insecticidas naturales a base de extractos de plantas o minerales, carentes de toxicidad para los consumidores de los cultivos tratados.
Respecto a las malas hierbas, la práctica del acolchado orgánico con paja o restos vegetales reduce considerablemente su presencia, aparte de proteger el suelo y las bacterias de la radiación solar perjudicial, y ayuda a minimizar la evaporación del agua, reduciendo las necesidades de riego.


Tiempo y experiencia
Lo más importante de todo son las ganas y el desarrollo de la suficiente capacidad de observación y sensibilidad que permitan ir realizando las labores precisas en el momento adecuado; en este sentido, queda claro que la experiencia hace maestros y que nadie nace sabiendo, sino que, día a día, con la práctica vamos aprendiendo. Y si al principio no nos satisfacen los resultados, no hay que desanimarse, con el tiempo obtendremos plantas y cosechas realmente espectaculares.
La naturaleza es muy agradecida y, si somos capaces de observarla con cariño y atención, fluyendo con ella en vez de ir en su contra o intentar forzarla en exceso, los resultados son siempre gratificantes.
Desde estas páginas os animamos a decidiros a cultivar vuestros alimentos (si no lo estáis haciendo ya) de forma sana y ecológica, vuestra salud y la del planeta os lo agradecerán; además, el cultivo del huerto familiar -por reducido que sea- resulta una actividad sumamente creativa y gratificante, al tiempo que es una excelente terapia anti estrés.

MARIANO BUENO: EL LIBRO RÁCTICO DE LA CASA SANA

EL LIBRO PRÁCTICO DE LA CASA SANA 



Índice
Introducción. El hogar ideal
La evolución del hábitat
Elegir un lugar para vivir
Criterios generales para una buena elección
Crear hogares sanos y confortables
Parámetros de salud y confort en el hogar
Casas y barrios ecológicos
Crear espacios. Salud y ecología rincón a rincón
La primera impresión
Preparar una "buena entrada"
Espacios para estar y compartir
Salitas y comedores naturales
Espacios para cocinar
Una cocina placentera, sana y ecológica
El cesto de la compra
El buen descanso
Diseñar un dormitorio sano
La cama: el mueble más importante de la casa
El estudio
Trabajar con salud
Espacios multiuso
Garajes y sótanos
Higiene y placer
El cuarto de baño saludable
Espacios vivos
Balcones saludables
El huerto ecológico
Decoración. La importancia de los detalles
La luz y el color
Cómo tener más luz natural
La iluminación más adecuada a cada espacio
El mejor color para cada rincón
Pintar la casa de salud
Pinturas sanas y ecológicas
Cómo escoger el mobiliario
Vestir nuestro hogar con ropa sana
Diseñar con plantas de interior
Feng shui: la armonía sutil
Tecnología. Confort sano y respetuoso
Sistemas de climatización
Equipos de frío doméstico
La calefacción idónea
La instalación eléctrica doméstica
Electricidad verde
Revisión de la instalación eléctrica de nuestra vivienda
Medidas generales de seguridad eléctrica
Electricidad y enfermedad
Energías renovables
Aparatos eficientes
Grandes aparatos domésticos: modelos eléctricos y a gas
Otros aparatos domésticos
Telefonía móvil
Soluciones. Conseguir un hogar saludable y ecológico
El buen sitio: radiaciones y salud
El estudio previo del lugar
Buscar el buen sitio
Arquitectura bioclimática
Hacia la vivienda autónoma
Los materiales de construcción
Escoger materiales sanos y ecológicos
Vivir sin ruidos
Aislamiento eficiente
El hogar sin química
Productos de limpieza para un hogar ecológico
Insecticidas naturales i alternativos
Respirar salud
Filtros de agua: depurar y ahorrar
Aparatos medidores de contaminantes
El reciclaje en casa
Recogida selectiva
Decálogo de la casa sana y ecológica
Directorio: bibliografía y direcciones de interés
Bibliografía
Direcciones de interés